
Tengo 32 años. Nací en Ancud, el 1993. A los tres años llegué a Bahía Mansa con mi familia; luego vivimos en Río Sur y más tarde en Maicolpue. Todo siempre muy cerca —unos dos kilómetros entre cada lugar—, pero cada sitio dejó su huella en mí.
Estudié la básica en Bahía Mansa y la enseñanza media en Chonchi, en un liceo técnico donde me formé como Tripulante General de Cubierta. Mi sueño era navegar, recorrer el mundo y ganar dinero en el mar. Hice mi práctica en Puerto Montt en 2011 y al año siguiente me fui a estudiar Ingeniería Naval en Valdivia.

Durante esos años conocí personas que me abrieron la mirada: aprendí sobre conciencia de clase, sobre vivir con sentido, sobre salir de la burbuja. En 2018 decidí retirarme. No quería seguir un camino que no me haría feliz.
Una conversación con un amigo mayor fue decisiva. Me habló de lo que era vivir bien: disfrutar con la familia, respirar aire limpio, beber agua pura, escuchar el mar, visitar un bosque, comer algo rico con quienes uno ama. Entendí que no quería cambiar esa vida por dinero. Volví a Maicolpue, mi hogar.
Mis padres tienen un restaurante, y desde niño trabajé ahí, desde los 9 años. Nunca pensé quedarme. Pero algo comenzó a florecer. En 2012 me habían regalado mi primera cámara, una Canon SX40HS. Con ella descubrí una manera de mirar. Más tarde, cuando conseguí una Canon T5i, cámara que aún conservo, todo cambió: podía crear lo que antes solo imaginaba.

Comencé a fotografiarlo todo: el mar, las aves, mi familia, los platos del restaurante. Cada imagen era una forma de entender lo que sentía por este territorio. A veces llorábamos con mi madre al ver las tomas del dron sobre Maicolpue: la belleza siempre había estado ahí, pero no la habíamos mirado de verdad.
La fotografía me fue abriendo caminos. De los paisajes pasé a retratar personas: quería contar historias, capturar la esencia. Retraté a mi gente, al pueblo mapuche, a las raíces que durante años escondí por vergüenza. Fue así como me reconcilié conmigo mismo y tomé el nombre Manke, que significa cóndor. Porque quería ser libre, vivir con dignidad, sin miedo a mis raíces.
Hoy comparto aquí mi vida, mi arte, mi pasión y mis reflexiones.
Este espacio es una invitación a entrar en mi mundo, a mirar conmigo lo que la vida me ha enseñado a observar con calma.
